Cuando el tapabocas no protege: pandemia y abuso sexual en las infancias

Cuando el tapabocas no protege: pandemia y abuso sexual en las infancias
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Son tiempos de pandemia. De una pandemia que está en boca de todxs. Un mal que daña el cuerpo y ha producido la muerte de miles de personas en el mundo. En diversos medios y redes hablan del problema, le ponen voz y datos. El mundo genera acciones de protección y estamos atentxs a cada una de las señales, de los síntomas, de las recomendaciones.

Otra pandemia que padece el mundo persiste en su silenciamiento. En la provincia de Buenos Aires (1), durante 2018 se identificaron 9559 casos de abuso sexual de las cuales el 79,98% fueron víctimas niñas. Considerando que estos datos solamente reflejan los casos que llegan a ser denunciados frente a la Justicia, es razonable asumir que la dimensión de la problemática es ampliamente mayor.

Por otro lado, las estadísticas nacionales indican que la mitad de las víctimas de abuso sexual infantil y juvenil conviven con los agresores que, según los datos disponibles, son en su mayoría miembros del grupo familiar: padres, padrastros, tíos, abuelos, hermanos. Y es el hogar, el espacio de lo cotidiano, el lugar donde ocurren estos delitos. El “hogar”, ese espacio en el que, en las circunstancias actuales, hemos obligado a permanecer el tiempo completo a víctima y victimario.

Podemos hipotetizar que el coronavirus y la cuarentena hayan alejado del niño o niña a abusadores no convivientes. No obstante, así como la mayoría de las situaciones de abuso sexual contra niños, niñas y jóvenes son generados por familiares directos, supuestos protectores y figuras de confianza del/la niñx también sabemos que la gran mayoría de los abusos suceden en la propia casa de la víctima. La encerrona está instalada. Sin el encuentro con lxs pares, sin la plaza o el centro de salud, pero especialmente sin la escuela, el silenciamiento se instala. Cuando el daño proviene de la persona que debe cuidar, lo siniestro, lo inmanejable, el desconcierto se multiplica.

Si bien esta situación venía resultando grave y compleja, la inclusión de una nueva variable como lo es la cuarentena por el COVID 19 la vuelve una verdadera crisis.

¿Y qué sucede con los otrxs adultxs que rodean al/la niñx? ¿No ven lo que sucede? Estando en la casa todo el día ¿se reduce las posibilidades de ocurrencia de este delito? Reiteramos que la mayoría de las situaciones de abuso contra niñxs y jóvenes suceden en el ámbito del hogar y hemos escuchado reiterados relatos de niñxs dando cuenta que esto sucedía cuando la mamá fue a hacer las compras o mientras la familia compartía el almuerzo del domingo, o cuando el adulto se ofrecía a “ayudarlos” a bañarse o a vestirse con el conocimiento de los otrxs adultxs de la casa que no generaban sospecha sobre esto.

A lo planteado se agregan que hoy lxs adultxs cuidadores, en su mayoría mujeres, se encuentran bajo mayor preocupación, resolviendo las dificultades adicionales que ha generado la permanencia de todxs en el domicilio: procurar la alimentación diaria (que, en gran cantidad de ocasiones, sabemos, esto no es nada fácil), prevenir del contagio, contener a lxs niñxs dentro del hogar y acompañar tareas escolares, cuidar a adultos mayores con los que conviven o están en su contexto de cercanía. Pero también, muchas veces, esas adultas son víctimas de situaciones de hostigamiento, control, violencia, entre otras condiciones de la convivencia. El niño, niña o adolescente no puede dejar de registrar la condición de mayor vulnerabilidad de la madre y, como sucede en otras situaciones, la víctima evalúa que no están dadas las condiciones para que su palabra sea escuchada, para que el relato de lo que le acontece pueda ser oído y creído, para que pueda pedir protección. Una vez más, cubre su boca, se silencia.

Hoy en día la emergencia sanitaria promueve que la mejor manera de cuidarnos es permanecer en cada uno de nuestrxs hogares, haciendo referencia a la propia casa como el mejor lugar para protegernos del contagio. Ahora bien, la bibliografía especializada en violencias desmitifica la creencia de la familia como lugar privilegiado de cuidado.

Si la familia hoy no puede ayudar… ¿con quienes contar? En estos días nos encontramos con suspensión del contacto con redes de apoyo para el/la niñx, suspensión de la asistencia a la escuela, desconexión con el grupo de pares, difícil acceso a los espacios de salud, servicios específicos de protección a la infancia vaciados, sin recursos suficientes, sin políticas claras de intervención y desarticulados en los distintos niveles.

Nos preguntamos sobre las consecuencias del COVID 19  y de la cuarentena obligatoria desde los conocimientos de esta otra pandemia: el abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes.

Aun con las dificultades conocidas, la escuela sigue llegando de alguna manera a la casa de los niños y niñas. Sin la cercanía personal, pero con una ventana de contactos abierta que, en algunos casos, algun/a niñx podrá apropiarse para decir lo que le está sucediendo.

A gran parte del sistema de salud le cuesta “ver el abuso”: es hora de expandir la capacidad de cuidado bio-psico-social de niños y niñas y oírlos con su propia voz que, muchas veces, se manifiesta a través del cuerpo.

Los espacios comunitarios, hoy activos más que nunca, especialmente los comedores y servicios de asistencia inmediata conocen el barrio y a sus niños/as. Pueden dar la alerta de algo que resulta extraño, llamativo o preocupante.

Nos resulta claro que las niñas, niños y adolescentes que sufren abuso sexual intrafamiliar tienen sus bocas tapadas desde hace mucho tiempo: han aprendido a callar, a creer las amenazas del abusador, a considerar que no serán creídos en su relato. Han sabido tapar sus bocas para protegerse de las amenazas y del desvalimiento. No queremos para ellos un tapaboca.

Si sospechas que un niño, niña o adolescente es o pudo haber sido víctima de abuso sexual, podes comunicarte a las siguientes líneas gratuitas y confidenciales (cualquier día, a cualquier hora, desde cualquier lugar del país).

Por teléfono:
0800-222-1717
137

Por correo:
08002221717@jus.gov.ar   al   Programa   Las   Víctimas   Contra   Las

Violencias, Por Whatsapp:
113133-1000.

(1) Fuente: Protocolo Provincial de Prevención, Detección y Abordaje del Abuso Sexual hacia Niños, Niñas o Adolescentes de la Pcia. de Bs. As. 2019

Otros teléfonos para tener en cuenta son el 911 (emergencias), *144 (mujeres en situación de violencia) o al 102 en la mayoría de las provincias del país.

La pandemia del abuso sexual en las infancias debe tener voz, debe ser oída, debe ser gritada. Hoy y en el futuro: En el Abuso sexual intrafamiliar, tapabocas, NO.

Equipo de Investigación Infancia y Necesidades. – Abuso sexual Infantil
Instagram: abuso_sex_contra_ni_adolesc

Universidad Nacional de Luján

Abril 2020


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