No les creas

No les creas
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Por Silvana Melo
(APe).- No les creas, decía Ariel Dorfman en su Testamento. No les creas, rebotaba por las paredes húmedas de sangre de Santiago. No les creas, y los carabineros balean a cuatro niños, levantan a una piba roja de 17 años, encarcelan y abusan a chicas en sus calabozos, asesinan con el aval de un presidente millonario rodeado de militares que se declara en guerra contra su pueblo y los lobos salivando por las calles de Santiago queman cadáveres en los incendios que dicen que provocan los cadáveres y no les creas sigue escribiendo Ariel Dorfman en las paredes húmedas de sangre de Santiago. Y hay que explicarles a los niños, a los pibes, a los botijas, a los changos, a los gurises, qué está pasando en la tierra en llamas, en el sur del mundo que empieza a estallar desde el hielo hasta el fuego de la amazonía. Entonces habrá que hablarles de la injusticia. Habrá que decirles de la desigualdad. Habrá que contarles del agua ajena, de la escuela para otros, del futuro usurero que los deja afuera.

Habrá que advertirle a la infancia que no les crea si dicen que un árbol /es un árbol, /no les creas, /no les creas/ nada de lo que digan /nada de lo que te juren / nada de lo que te muestren, /no les creas. Como pedía el ilustre chileno. No hay que creerles cuando desde los diarios de acá, de esta tierra que se prepara para decidir el domingo si quiere perpetuar a otro millonario colega del vecino, se venden historias absurdas. No hay que creerles cuando los Neardentals de la república leen la rebelión de los sometidos desde hace casi 50 años como una violencia snob provocada por la furia venezolana y cubana. No hay que creerles cuando se rasgan las vestiduras democráticas ante la demora del recuento electoral boliviano pero fruncen la nariz ante el metro quemado en Santiago. Y acuden a Patricia Bullrich para que hable de vándalos. E invoque a la gendarmería para trancar la frontera por las dudas.

La infancia latinoamericana tiene que estar alerta. La infancia boliviana que aumentó la talla desde que gobierna Evo porque comió mejor tiene que estar en pie.

No les creas, le dice Ariel Dorfman. No les creas porque estuvieron engañando a todos o a casi todos durante décadas. Adulando al Chile brutalmente desigual. Colocándolo en la pasarela de los modelos a seguir. De la economía macro a imitar. Mientras los chilenos han sufrido la privatización del sistema previsional, de la educación, de la salud, del agua, de su vida entera. Con ingresos ínfimos y transporte carísimo, el 80 % de los jubilados no llega al salario mínimo, la vejez acumula el record de suicidios, el endeudamiento privado somete a los ciudadanos y la niñez crece en un patio pequeño y gris de donde sabe que no podrá salir. Salvo que pertenezca a la mínima y exclusiva clase de los privilegiados. Aquellos que se refugian en sus fortalezas ante la invasión alienígena, como la llamó la esposa del presidente millonario, el que figura en la revista que enumera a los más ricos del mundo.

Sepa la infancia de América Latina, la de Ecuador, resistiendo con un casco de bidón de agua en la cabeza, la de Bolivia, creciendo unas pulgadas más por comer mejor en los últimos años, la de Brasil, que resurgirá de las cenizas del Amazonas, que la dictadura de Pinochet recién ahora está llegando a su fin. Que es mentira que se fue en el 90. No les creas, sigue escribiendo Dorfman en las paredes mientras los mismos carabineros del dictador secuestran chicas y las desaparecen y las violan en sus calabozos. No les creas, mientras sus mismas leyes y sus mismos secuaces y sus mismos milicos siguen muriendo a la gente como en aquellos días horribles de bombardeo de La Moneda y después. No les creas. Porque con las mismas leyes del dictador el agua de la gente está en mano de las trasnacionales mineras. El agua de la gente. Que no es de la gente.

Y no les creas que hay democracia. Porque en estos treinta años los votantes no llegan al 50% del padrón. El resto no está representado por nadie. Ni los marginados ni los niños ni los viejos ni los privatizados ni los tirados a la basura por el sistema enorme fortísimo invulnerable. Hasta ahora.

Tendrán que saber el presidente millonario de allá y el de acá de la cordillera, que estas tierras no son empresas. Que estas gentes no son tornillos ni burletes. Que los niños no son barras en un gráfico. Que un país es más que un engranaje del sistema financiero.

Que el futuro no es sólo las próximas hojitas del calendario: es un sueño perdido que se puede volver a encender. Desde los pies remotos hasta el pecho inflamado del continente. A pesar de todos.

Porque Ariel Dorfman sigue escribiendo en las paredes húmedas de sangre de Santiago cuando te digan / que no estoy preso, / no les creas. / Tendrán que reconocerlo / algún día. / Cuando te digan / que me soltaron,/ no les creas. /Tendrán que reconocer /que es mentira algún día. Porque en el estadio nacional, con las manos cortadas, Víctor Jara sigue cantando deja la vida volar. Entonces nada ha muerto. Nada morirá.

Fuentes: La privatización de las aguas en Chile viola los derechos humanos-Ciperchile.cl; LeMondeDiplomatique-Edición Chilena; ElDesconcierto.cl; Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile; Testimonios.


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